“Como consumidores, nuestro papel en el engranaje es central. Podemos dejar que nos manipulen creyendo que decidimos libremente cuando en realidad solo nos estamos dejando arrastrar por la corriente mayoritaria, contribuyendo al problema. O podemos decidir librarnos de todo eso, empoderarnos y añadir conciencia a este hecho clave que no solo nos provee de lo que requerimos sino que también construye a diario el mundo en que vivimos”, escribe la periodista Brenda Chávez en su libro “Al borde de un ataque de compras” (Ed. Península). Desde allí plantea la consigna: tu consumo puede cambiar el mundo. Actualmente trabaja de manera independiente para diversos medios españoles y pertenece a un colectivo de periodistas que investiga sobre temas de ecología y ambiente, @CarroCombate.
Su anterior libro, “Tu consumo puede cambiar el mundo” (Ed. Península), lleva cuatro ediciones y es un manual sobre cómo encarar el consumo de manera responsable y crítica. Lo mismo sucede con “QA Borde de un ataque de compras”, desde donde brinda 73 claves para el consumo consciente, un libro directo y de lectura muy amena que pone en la mesa la manera en la que compramos y desentraña parte del sistema en el que estamos inmersos que nos lleva a hacerlo compulsivamente.
Mientras dialoga con LA GACETA vía Skype, levanta su teléfono que no es como los que conocemos: “Desde 2015 uso un fairphone, que es un prototipo. Cuando comencé a conocer sobre esto descubrí que existen muchos conflictos en la industria de los celulares pero encontré este móvil que es más sostenible, es decir, está ensamblado por partes, es un móvil modular. Cuando se rompe el micrófono, la cámara o la batería, cambio esa parte. Con respecto a las actualizaciones de software te las van mandando. Quiero decir, todo se puede hacer mejor”, explicó Brenda sobre su teléfono hecho en Holanda.
“La base de todo es el consumo responsable. Cuando hablamos de las tres R, reciclar, reutilizar y reducir, dos de ellas hacen referencia a lo que se consume y por lo general, el estado solo hace hincapié en la primera: en reciclar”, adelanta.
¿Qué es ser consumidor responsable?
El consumo responsable tiene en cuenta las variables calidad - precio pero también el impacto social y medio ambiental de aquello que consumimos. Una persona que consume conscientemente reflexiona antes de la compra y evalúa el producto: ¿tiene plástico? ¿De dónde viene? ¿Lo necesito realmente? Son cosas sencillas de hacer y aportan su granito de arena aunque los responsables de todo, realmente, son las empresas y las administraciones que tienen que hacer sus deberes. Si las empresas no producen responsablemente y las administraciones, es decir, el Estado no lo exigen el camino será más difícil.
-¿Somos responsables de lo que sucede con el ambiente?
-Hay algo ahí que podemos cuestionar: muchas veces las empresas o el Estado nos hacen sentirnos muy responsables, de que nosotros los ciudadanos tenemos la llave para resolver el cambio climático cuando, en realidad, esto es una labor de todos. Los consumidores tenemos que hacer nuestra parte, lo que podamos pero las empresas son las que tienen el mayor impacto y las administraciones deben actuar como garantes para permitir el consumo y la producción responsable.
-En San Miguel de Tucumán se está iniciando la recolección diferenciada de residuos, ¿es un poco tarde?
-Aquí la tenemos desde hace tiempo y no te creas que funciona muy bien porque podría estar mejor. En España es muy diverso porque, por ejemplo, hay barrios en donde se separa el residuo orgánico y otros en los que no se puede y va todo junto, o se separa solo papel y plástico.
Ponemos mucho énfasis en reciclar pero deberíamos hacer lo mismo con las tres “R” clásicas: reciclar, reducir y reutilizar. Porque el reciclar es el final de todo, es el tubo, primero está la posibilidad de reducir la compra que luego es residuo y reutilizar lo que se pueda. También deberíamos reparar mucho más. Todo eso sería una forma de reducir los residuos para que, al final, haya menos que reciclar.
-A veces es difícil salir del sistema cuando las industrias tienen ya un circuito marcado ¿qué podemos hacer?
-Los consumidores estamos presos de las posibilidades que nos ofrecen nuestros propios entornos donde vivimos, pero podemos hacer un montón de cosas: cocinar en casa, comprar menos productos procesados, comprar a granel para generar menos plástico. Apoyar a los productores locales, utilizar envases retornables. No puedo decirte que te muevas en bici si vives muy lejos de tu trabajo, pero son cosas que podemos ir cambiando.
El consumo de los hogares, por ejemplo, supone el 80% de la huella ecológica según un estudio de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Noruega. Dentro de ese porcentaje las 4/5 partes no son impactos derivados de los modelos productivos. Quiero decir que por más que seamos súper conscientes y responsables como consumidores tendremos igualmente incidencia en la huella ecológica.
El saber de dónde vienen las cosas, cómo se hace lo que consumimos, es decir, estar informados es clave. En el cuidado del ambiente la perfección no existe, no hay nada que no deje huella en un 100% porque ya respirando estamos dejando una huella de carbono por lo que no existen soluciones perfectas. Sí existe la posibilidad de que utilices los recursos de acuerdo a las circunstancias y a tu vida.
¿Qué se les puede exigir a los poderes del Estado en cuanto al control y la legislación?
En Europa y en España hubo una movida fuerte sobre el derecho a reparar. Se ha pedido a las empresas que haya repuestos de los productos por lo menos durante 10 años. En Estados Unidos se les está pidiendo lo mismo a las grandes empresas tecnológicas como Apple o Microsoft, por mencionar algunas. Hace poco hubo una movida que se llamó #DesnudaLaFruta que proponía que en los supermercados la fruta y la verdura no llevasen plástico.
En cuando a las administraciones públicas, por ejemplo, se le puede solicitar que cuando compren alimentos para hospitales públicos, las compras sean responsables, especialmente porque se hacen con dinero público y deberían ser ejemplo para los ciudadanos y las empresas. Gandhi decía que solos llegamos más rápido y juntos llegamos más lejos. Creo que por ahí debería ir.
-¿Qué sucede con la industria textil y el fast fashion?
- Las estadísticas dicen que las mujeres utilizamos el 30% de lo que tenemos en nuestro armario, algo que está bueno revisar en cada caso.
Con respecto a la ropa de moda, de baja calidad que se hace industrialmente, en el desierto de Atacama en Chile y en Kenia, por ejemplo, existen los vertederos de ropa de segunda mano, ropa que nunca fue utilizada pero pasó de moda. O las venden en fardos a 1€. El fast fashion es un monstruo difícil de encauzar.
Ahora estamos terminando de redactar un informe sobre el green washing, porque toda la industria de la moda está informando que utilizan tejidos sostenibles o que realizan otras prácticas pero, por mencionar un ejemplo, la ropa se produce en Camboya o Bangladesh, en fábricas en donde trabajan chicas jóvenes muy explotadas.
-¿Cuáles son las cifras que te movilizaron a especializarte en temas ambientales?
-Estamos consumiendo 1,7 planetas tierra cada año en recursos, es decir, más de la capacidad que tenemos. Dicen que en 2030 estaremos consumiendo dos tierras en recursos y si seguimos haciéndolo, en 2050 estaremos consumiendo tres tierras de recursos. Es decir, nos estamos devorando a nosotros mismos. Tenemos que entender que la compra compulsiva te da un instante de felicidad y luego nada. Yo creo que el robot de cocina me va a solucionar la vida y, de repente, lo uso dos veces al año. La pandemia creo que fue una prueba en eso: no echábamos de menos comprar: echábamos de menos a la gente que no podíamos ver, salir a la naturaleza, tener espacios de libertad. No salir a comprar como locos.
-Como profesional estudiaste de dónde proviene cada producto que consumís, pero como consumidores: ¿cómo podemos saber qué implicó la realización de cada producto?
En la comida es importante mirar las etiquetas y, en la ropa, hacer lo mismo y reflexionar sobre si estamos consumiendo fast fashion, es decir, la ropa de moda y baja calidad que rápidamente se deja de usar. Otra cosa que podemos hacer reclamar cuando no se brinda información del producto y pedir por escrito que nos digan quiénes y en dónde realizaron una prenda.
-¿Qué sensaciones te quedan cuando das tus charlas y hablas sobre todo lo que nos falta aprender o cambiar para cuidar el ambiente?
-Existe un término que se está usando mucho ahora que es el de “ecoansiedad”, cuando los consumidores conscientes se empiezan a agobiar porque ven que no hay recursos sustentables o que en el lugar en donde viven no existe la posibilidad de cambiar algunas cosas. Se está utilizando mucho porque sabemos también que no podemos tampoco caer en la ansiedad de este mundo que tiene cosas muy contradictorias. Solo vamos a vivir una vez, entonces intentemos hacerlo lo mejor posible pero sin fanatismos como consumidores. Todo este es un proceso que no va a ocurrir de la noche a la mañana, estamos dando pequeños pasitos y quizás dentro de 10 años habrá más opciones para las nuevas generaciones.